jueves, 11 de enero de 2018

Prestad Atención

Prestad atención, dejad de preocuparos. Únicamente dad cabida en vuestro pensamiento a lo que ocurre ahora ante vuestros sentidos, pues sólo eso es lo real y todo lo demás, lo que no veis, lo que no sentís, es un relato de una realidad a la que no habéis tenido acceso en el instante en que ocurrió, así que no es real, es un relato. Los relatos se construyen con palabras y las palabras son pequeñas mentiras que explican el mundo. Los relatos construidos con palabras los cuenta una persona, y una persona es un animal del género humano. El género humano está constituido por miles de millones de individuos que utilizan ficciones para construir su autonomía y su personalidad. Esas ficciones son grandes mentiras construidas con ideas y las ideas son imágenes mentales de la realidad. Dichas imágenes mentales condicionan las palabras que se utilizan para contar un relato, así que el individuo humano que cuenta el relato, usa palabras para describir desde sus ideas aquello que ha sucedido y, teniendo en cuenta, que las estructuras utilizadas para contarlo son producto de la imaginación colectiva, hemos de entender que el relato no puede ser nunca la realidad. Por tanto, lo único real es lo percibido directamente en el presente por el sujeto o los sujetos que interactúan con el continuo suceder.
Las palabras, aún siendo símbolos, aún sin ser en sí la cosa que indican, nos ayudan a entendernos (sólo cuando hablamos el mismo idioma y aceptamos el significado oficial). Digamos que las palabras pueden ser un atajo para alcanzar la comprensión del otro. Pero el problema de las palabras está en que no indican sólo objetos del entorno inmediato, también existen palabras que dan nombre a emociones o conceptos imaginarios e incluso palabras que abarcan todas las palabras que completan un libro, como es por ejemplo el caso de las ideologías.
Cuando un sistema de ficciones alcanza tal grado de complejidad, es positivo plantearse bloquearlo de vez en cuando. No podemos vivir sin las palabras, ahora ya no podemos o al menos, no podríamos vivir de la misma manera en que lo hacemos actualmente, pero podemos prescindir de su dominancia constante, podemos elegir cuando entrar y salir de su mundo. Porque la realidad siempre será más compleja que los mecanismos inventados para explicarla, y sería conveniente aprender a conectar con esa realidad de manera directa sin la necesidad de describirla, pues toda descripción es un juicio, y todo juicio limita, y aunque a priori parezca que controlamos esa capacidad de limitación con el fin de sintetizar lo vivido, finalmente, por el continuo juzgar, terminamos sintiendo mucho menos de lo que podríamos sentir, emocionándonos menos y captando menos detalles de la vida que nos rodea de todo lo que podríamos recoger.
Por todo esto es por lo que a día de hoy no puedo confiar en nada que esté construido con palabras si no se trata de poesía, porque la poesía es la destrucción del significado de las palabras y es, a la vez, la construcción del amor. Por eso ni siquiera confío en este mismo texto que estoy terminando de escribir, por eso deberíais haber prescindido de leerlo, pero dado que ya lo habéis hecho, convendría que lo ignoréis cuanto antes.

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